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Caos a la vuelta

El taxi se retrasaba: no podía ser de otra manera.

Maite estaba preocupada, inquieta, no dejaba de ir de un lado al otro por la sala de recepción del hotel, desde la ventana más próxima a la puerta principal, desde aquí a otra ventana más alejada y vuelta a empezar.

Se paró por fin, ante la puerta principal moviendo repetitivamente la cabeza con cara de asombro.

No daba crédito a lo que veía tras los cristales.

-Vaya tiempo, me dijo. Menos mal que ha sido el último día, perderemos el vuelo, tendríamos que estar ya en el aeropuerto. Estamos al límite de la hora. Es imposible que pueda venir el taxi.

Y es que, lo que empezó como un día normal, se convirtió en un día de perros.

En muy breve periodo de tiempo, sin graduación, el sol había sido cubierto por unos densos nubarrones casi negros. No se veía apenas casi nada.

Una inmensa cortina de agua, en oleadas, empujada por viento en rachas, alguna muy fuerte, barría y arrastraba todo lo que se encontraba a su paso por la calle.
 
Asustaba el golpeteo del agua en los cristales, un raudo caudal que en minutos se había formado ante nuestras narices, amenazaba con colarse por debajo de la puerta de entrada del hotel, al menos una gran parte de su turbulenta agua y temíamos que las enormes ramas de los árboles cercanos sacudidas por el brutal viento se rompieran, salieran disparadas y provocasen un desastre mayor.

Lluvia torrencial y viento huracanado, competían al mismo tiempo entre si y por separado, como si un poderoso ser invisible que estuviera entre las nubes escondido, los azuzara provocando un brutal combate para elegir al más fuerte sacando lo peor de cada uno.

Era imposible salir del hotel  y era muy difícil que cualquier vehículo se atreviera a circular hasta que aquello se calmase.

El conserje nos animó al ver nuestras caras y dijo:

-son aguaceros que pasan por aquí, a veces son muy fuertes, como este, suelen durar poco por lo general.

Así fue.

Poco a poco amainó el temporal y cuando aun caía lo que ya eran las últimas gotas y el sol se abría paso, entre las nubes, sin concesiones, dejando ver islotes de cielo azul.

El sonido de una chirriante frenada que levantó más de un metro de agua a su alrededor, al que siguió un molesto bocinazo, anunció la llegada de nuestro taxi.

Salimos a su encuentro.

Cargamos nuestro equipaje, el agua nos llegaba casi a los tobillos.

-Al aeropuerto. Salidas internacionales.

-Para allá vamos, nos dijo el conductor.
-La radio nos informará de carreteras a evitar por desprendimientos de tierra, árboles caídos, arroyos de barro y mis compañeros de emisora el mejor camino… lo que fue una excelente idea.

No cogimos atascos, hasta las cercanías del aeropuerto. El tapón se produjo a unos cien metros del mismo.

Pagamos al taxista, casi sin despedirnos, dándole las gracias, nos pusimos a andar, como ya habían hecho otros muchos por un superficial y enorme charco;  con los pies mojados entramos en la terminal.

Caos en facturación del aeropuerto





















Eran siete los puestos de facturación, pero solo operativos tres, no había nadie en los otros cuatro, aun así, varias personas de forma ordenada aguardaban su llegada, quizá, se habrían rezagado ante las inclemencias del tiempo.

En los que había personal, el caos era absoluto; varios semicírculos de personas apelotonadas, ni de la forma más retorcida aquello parecía una cola, pugnaban por ser las primeras en facturar.

Era como estar en un gigantesco bar repleto de gente en el que era imposible  llegar a la barra por la densidad humana, en el que los más avispados, gritones… trataban de conseguir su objetivo cuanto antes; había maletas en la báscula, los más atrevidos, las habían puesto en la cinta transportadora impidiendo su normal funcionamiento.

-¡Orden!.¡Orden!. Gritaba el empleado desbordado ante aquella marabunta. -¡Orden!.

-De continuar así nos veremos obligados a suspender la facturación, dijo señalando y buscando ayuda en otro compañero.

Por megafonía, una voz metálica anunció la apertura de los otros puestos en breve; Maite y yo obedecimos al instante, y huimos de la bronca, como otras personas y nos reímos (la primera risa del día), pues los “tramposos” se quedaron bloqueados durante el rato que duró su recogida de equipajes para ponerlos al fin ordenadamente.

Al mismo tiempo, se informó que, todos los vuelos tenían retraso. ¡Cómo no!.

A través de los ventanales de la terminal, se veían las pistas de despegue con enormes charcos, que trataban de aspirar camiones de bomberos, era obvia la situación, el  aeropuerto estaba cerrado, todo el mundo tendría tiempo para facturar sin problemas.

Se consiguió un orden en las ahora sí, filas.

Cuando ya estaba todo organizado, apareció una azafata de tierra con sonrisa forzada, cara de circunstancias y señalaba a las pistas: al instante de forma aguda me cayó fatal.

Maite y yo avanzábamos poco a poco y vimos, como algunos inventaban excusas para colarse.

Me deja pasar, por favor, tengo artrosis.

-¡Y quien no!. Respondió el aludido con gesto imperturbable.

Una pareja con chanclas y sombreros de paja, trataba de ponerse por delante de una venerable anciana y nos sorprendió gratamente a todos los de su alrededor, cuando con voz acogedora dijo:

- Eh, que no estamos en el cielo, donde los últimos serán los primeros.

Agacharon la cabeza y volvieron  para atrás.

Pero lo más increíble ocurrió en el principio de la fila a nuestra izquierda.

El hombre acababa de facturar y comprobó sus tarjetas de embarque, se dio cuenta de algo anómalo, que cambió su expresióny la de su acompañante - Una mujer joven de pelo rubio y muy corto.

-¡Oiga!. Que vamos juntos, nos ha dado sitios separados.
-Poco puedo hacer. Ha sido la máquina.Dijo elempleado.

Hizo como si tecleara un instante. No es posible. Quizá en el avión puedan cambiar.

-¡Oiga¡. ¡Estamos recién casados!. Dijo ella.
-¡Ah!¡.¡ Recién casados!. Siguió como si tal cosa.
-¡Pues ya tendrán tiempo de estar juntos!.

Al rato largo, en el avión cuando estábamos ocupando nuestros asientos, Maite, me dio con el codo suavemente y me señalo a la ancianita.

Cambiaba su sitio para que los recién casados fueran juntos.

Fin.

Gracias por leer hasta el final.

No olvides dejar tu comentario, para mi es importante.


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